Escola de Chicago

Tesis en xarxa. Pragmatismo, interaccionismo simbólico y trabajo social. De cómo la caridad y la filantropía se hicieron científicas. Capítulo 6

La Escuela de Chicago (que podría describirse como la combinación de una Filosofía pragmática, de un intento de dar una orientación política reformista a las posibilidades de la
democracia en condiciones de rápida industrialización y urbanización, y de los esfuerzos por convertir la sociología en una ciencia empírica concediendo una gran importancia a las fuentes precientíficas del conocimiento empírico) no era nada más que una realización parcial -desde el punto de vista teórico- de las posibilidades inherentes a la filosofía social del pragmatismo”.(Hans Joas).

(…)
…acuerdos que fueron formulados en 1906 en la primera reunión oficial de la American Social Science:
1. Aceptan el objetivo de investigar las leyes de la conducta humana que se asemejan a las invariantes leyes naturales que gobiernan los fenómenos físicos y orgánicos.
2. Identifican el cambio social como evolución social y lo interpretan como un progreso hacia una sociedad mejor.
3. Contemplan tal desarrollo humano ascendente como un desarrollo sujeto a aceleración mediante una intervención humana directa capaz de mejorarlo que recurre al conocimiento de las leyes sociológicas.
4. Finalmente, conciben la sociedad y la conducta social en tanto que realidades constituidas por la conducta individual y particularmente enfatizan las motivaciones de los individuos en la asociación (Bramson, 1961:76).

Rebelión. Historial de vilezas de la Escuela de Chicago. Michael Hudson

Hoy en día, la Escuela de Chicago es conocida por su intolerancia censoria. Lo primero que hicieron en Chile los “Chicago Boys” después de 1974 fue clausurar, por ejemplo, todos los departamentos de Economía y Ciencias Sociales, salvo en la Universidad Católica, donde habían logrado establecer “el ladrillo”, es decir, la doctrina de Friedman. Todo estaba ya prefigurado en el Laboratorio-Escuela de los años 50. Su profesor de Ciencias Sociales, Curtis Edgett, colocó una alargada pancarta en su cuarto que rezaba: “Dadles lo que les dieron a los Rosenberg”. Yo pensaba que se aludía a los comunistas, pero en una conversación personal con él, algunos de mis compañeros de clase y yo descubrimos que se refería a los judíos.

En clase me llamaba “comunista” de forma habitual (uno de nuestros textos era el Mein Kampf). Había un estalinista de verdad en la clase con el que yo siempre discutía y que me llamaba fascista. Lo cierto es que fue en el Laboratorio -Escuela donde recluté a una serie de dirigentes de la Liga de Jóvenes Socialistas (los shachtmanitas) (1). Fue la única vez en mi vida en que hice allí en medio de voz de la razón.

El Laboratorio-Escuela terminaba en aquella época en décimo curso y de allí pasaban los estudiantes directamente a la universidad. No obstante, a mi no me admitieron en 1954 cuando concluí décimo. Me dijeron que el señor Edgett había dado mi nombre y el de una serie de amigos al Federal Bureau of Investigation (FBI) como “comunistas” y envió copia de ello a la universidad.

Se armó una buena, de modo que el Laboratorio-Escuela añadió un curso extra para ayudar a resolver la cuestión, y me admitieron al año siguiente en la UC, donde cursé las “comprehensives” (materias generales) para saltar los dos primeros cursos, de manera que verdaderamente no perdí tiempo. Pero uno de mis compañeros decidió matricularse en Shimer, un colegio universitario secundario creado por la UC. Hará cosa de una década, cuando consiguió acceder a su ficha del FBI, pudo saber que el decano de Shimer había seguido informando periódicamente sobre él, sus amigos y compañeros de clase.